El hipocampo del lóbulo temporal es la región cerebral encargada de la memoria, el aprendizaje y la orientación espacial, y con el entrenamiento físico, aumenta sus capacidades. La memoria, la orientación y el aprendizaje contribuyen a mejorar la inteligencia y el conocimiento del atleta.
Algunas sustancias químicas, a través de los neurotransmisores presentes en el cerebro, se liberan en grandes cantidades durante el entrenamiento, entre ellas el factor de crecimiento BDNF. Estos mecanismos transforman la información en conocimiento, un proceso que varía según cada atleta.
El deportista debe adquirir la información necesaria para memorizar todos aquellos gestos imprescindibles en su disciplina y los esquemas en los deportes de equipo.
Una gran diferencia radica en la velocidad del procesamiento mnésico, ya que el tiempo de reacción estímulo-procesamiento-acción varía según el tipo de disciplina deportiva. La reacción de un luchador es diferente a la de un golfista y debe distinguirse de la de un piloto, quien, en milésimas de segundo, debe pensar y actuar, sabiendo que su vida depende de la decisión que tome. Por lo tanto, podemos afirmar que cada disciplina deportiva requiere una capacidad reactiva diferente, y el atleta debe procesar la información percibida a una velocidad distinta, lo que conlleva tiempos de reacción diversos.
El cuerpo del atleta se moverá rápidamente y la vista capturará el espacio circundante para crear en pocos instantes la acción correcta que debe realizar.
El fuera de serie, el gran campeón, es precisamente el atleta que, comparado con otros, ha desarrollado la capacidad de prever y anticipar la acción.
Cada deporte difiere en los métodos de aprendizaje destinados a alcanzar la ejecución perfecta del gesto deportivo, favoreciendo cualidades motoras y perceptivas específicas.
Pero, ¿cómo puede un razonamiento, que requiere un procesamiento mental y un desarrollo lógico, transformarse en una respuesta física casi inmediata?
Es la capacidad del atleta de intuir instintivamente qué hacer, sin la necesidad de elaborar un razonamiento que ralentizaría la acción.
Existen deportes que requieren acciones-reacciones rapidísimas, como el automovilismo, motociclismo y las lanchas rápidas, pero también el tenis y los deportes de combate. Mientras que otros, como el golf, el tiro con arco y la escalada libre, implican un razonamiento y una elaboración lógica que llevan a la acción a emprender.
A todo esto, debemos sumar el aspecto mental: la ansiedad, las presiones internas y externas, el miedo al fracaso, y la sensación de no estar preparado para el evento.
Otro aspecto muy delicado es el post-lesión, especialmente cuando se ha requerido una intervención quirúrgica con un largo proceso de rehabilitación y posterior reacondicionamiento físico.
La memoria del dolor puede acompañar al atleta incluso mucho tiempo después de la recuperación clínica. Es un asunto muy serio que puede incluso interrumpir la carrera del atleta o comprometer su rendimiento.
El *Método Colossus* incluye, entre otras cosas, un camino guiado para los atletas en los diferentes aspectos de la vida competitiva, basado en estilos de comportamiento positivos: liberar la mente de las presiones, vivir el deporte con ligereza, y hacer resurgir el aspecto lúdico. El atleta debe saber vivir y contextualizar todos los contenidos y presiones del deporte, de los medios de comunicación, de los aficionados, sin olvidar la gestión económica.
Siempre hay que recordar que los atletas son lanzados a un mundo dorado a una edad muy temprana, y si carecen de un entorno familiar sólido, todo esto puede ser muy difícil de gestionar.
Prof. PhD Francesco Calarco